1. Una URL por idioma
/nuestras-habitaciones/ en el idioma del sitio, /en/our-rooms/ en inglés. Cada versión tiene su propia URL, siempre la misma. Google clasifica cada idioma por separado y lo muestra a las personas que buscan en ese idioma.
2. Una página que Google pueda leer
La traducción debe estar en la página que envía el servidor, no añadida después por el navegador del visitante. Una traducción hecha en el navegador, Google no la ve: para él, su sitio solo existe en su idioma original.
3. Etiquetas que conectan los idiomas
Cada página le indica a Google dónde están sus otras versiones (las etiquetas hreflang). Sin ellas, Google puede mostrar la página original a un visitante que busca en otro idioma.
4. Títulos y descripciones, también traducidos
El título y la descripción que aparecen en los resultados de búsqueda hacen que la gente haga clic, o no. Deben traducirse como el resto de la página.
5. Nada cambia en la versión original
Las URL originales siguen siendo las mismas, y el contenido también. Lo que funciona hoy sigue funcionando.